Artículo: Viajes culinarios


Por segunda vez visité Mérida, uno de mis lugares preferidos de México. En esta ocasión fui guiada por un amigo nativo de Yucatán, Alex.

El objetivo era conocer más de cerca la comida Yucateca, a través de un experto.

Recorrimos Izamal. Ahí probé un salpicón de venado, delicioso. Así mismo, todavía me queda el sabor de una nieve de coco, que probé cerca de la Iglesia. 

Desde mi último viaje a Mérida, aprendí que tenemos un concepto erróneo de lo que es la auténtica Cochinita pibil, pues a través del tiempo, la receta se ha ido deformando. Poca gente usa las semillas de achiote, en vez de eso, usan pasta de achiote, la cual contiene preservativos y colorantes, que hacen que la carne de puerco quede más pintada y sin mucho sabor.

Uno de mis sueños era conocer Celestún por dos razones: Conocer el proceso de la sal y ver a los flamingos. Llegamos casi a las 6 de la tarde y ya no había un tour para ver los flamingos,  por lo que decidimos buscar las salinas. Encontramos un mototaxi que nos llevó hasta las charcas de Celestún. Ahí nos encontramos a los flamingos.  No fue el mejor lugar para verlos, pero si valió la pena, pasear en el mototaxi, pues el taxista nos explicó sobre el proceso y buscó el mejor lugar para tomarle la foto a los flamingos, por tan solo $35.00, toda una experiencia.

Ahora, puedo decir que caminar y comer en los mercados de Yucatán, fue lo mejor.  Entre tantos olores  y sabores, probé de todo. Fuimos a una carnicería a probar la longaniza de venado, la carne enchilada y costillas, fue lo mejor de Valladolid. Ver la diversidad de chiles que hay en los mercados, los recados que utilizan todos los días para cocinar, la diversidad de tamales, etc.

De la comida de la calle que más disfruté, fueron las marquesitas, un postre entre dulce, salado y crujiente, que se antoja ya entrada la tarde. Ese olor de los parques, llama a seguir caminando y comiendo. Sin hablar de las fachadas, las iglesias, los colores de los cielos y el ambiente de la plaza principal, donde todos los días hay algo que hacer.

Otra de las cosas que más disfruté durante mi viaje fue visitar las cantinas de la ciudad. Creo que en muchos lugares como Oaxaca están desapareciendo. Dentro de mis favoritas están: La Negrita y La Taberna. Me gusta el ambiente y el concepto de estos lugares, pues es muy casual y a parte comes rico, pues cada que ordenas un trago te traen comida.

Dentro de nuestro recorrido, visitamos la casa de la abuela de Alex, en Tiquinzic, un lugar muy sencillo lleno de recuerdos e historias, que se veían por todas partes. Antes de salir de ahí, su tía nos compartió un tamal en hoja de plátano, de los mejores tamales que haya comido.

No cabe duda que cada lugar tiene lo suyo, Mérida tiene mucho, que todavía falta por conocer.

Pilar Cabrera

Receta a compartir:
Sopa de lima

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